Shepherd’s Bush Empire | Londres | 07 marzo 2014
Parece que John Cooper Clarke se hubiese pasado la vida buscando cómo sacarle ventaja al tiempo, y al mismo tiempo manteniéndose vigente en la cultura popular inglesa como el poeta/showman británico más querido desde los años 70. Hasta se le ha supuesto muerto en más de una ocasión: claro, compañeros de gira de una calaña tan difícil de registrar en una aseguradora como los Sex Pistols, The Clash, Buzzcocks, Joy Division y New Order, te crían una fama con la que ni falta te hace echarte a la cama; sin embargo está vivito y coleando, sus performances poéticas son únicas en su clase, y su lengua afilada y sardónica le permite definir un estilo incomparable que le ha merecido un doctorado en artes de la Universidad de Salford.
Evidentemente poético
Este 7 de marzo pasado el «poeta punk» llegó a la cita con su público (O2 Empire Shepherd’s Bush) como parte de su gira para este año, despachándose con lo más graneado de su repertorio habiendo dejado su estela visible en los últimos trabajos de intérpretes actuales como los Arctic Monkeys y el rapero Plan B, que le profesan pública admiración. Se trató de una rara oportunidad de ver a este maestro de la palabra que, sin recibir la cobertura masiva de que recibe la música popular, hace que la mayoría se sienta como en casa hablando con el amigo renegón que todos tenemos, con el mismo fraseo percutivo de siempre -el cual salió a la luz al ser incluido en el famoso documental punk URGH!- que no es fácil para todos los públicos, pero que habla directamente a aquella parte de las audiencias con suficiente sensibilidad poética. Y es en esa palabra, disparada con urgencia y belleza, donde se encuentra el encanto de Clarke.











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