Eventim Apollo | Londres | 08 marzo 2014
“En esta solemne ocasión de nuestras bodas de rubí, quiero aprovechar la oportunidad de mandar a la mierda a todos aquellos que nos cerraron puertas, nos ofendieron o nos despreciaron, y a quienes simplemente no les gustamos. También me gustaría agradecer a quienes supieron ver más allá de las palabras comedidas y falsamente cariñosas que nos dedicó la crítica especializada; doy las gracias a todos aquellos que sacaron sus propias conclusiones y se desmarcaron de prejuicios ajenos. El que ríe al último ríe MÁS y mejor. El próximo año [2014] haremos bastante ruido con quienes son nuestros amigos.”
Cuarenta años no es nada
1974. Área urbana de Guildford, sur de Londres. Un chico de veintidós años tiene reputación conflictiva y la recanaliza haciendo artes marciales. Trabaja de repartidor a domicilio ganando £24 por semana, lo cual le alcanza para pagar su habitación de soltero y ahorrar £5 para sus clases de karate. Una noche en que ha terminado su horario deja que otro chico, americano aquél, suba a su furgoneta. Tiene que acercarlo a una bodega, sobre la cual hay un almacén donde el dueño del edificio deja que una banda nueva ensaye, haga tocadas en directo y duerma. El americano le da las gracias por el favor y le invita a subir a tomarse un par de cervezas y conocer a la banda. Allí están el vocalista Hugh Cornwell, un baterista llamado Brian Duffy –el mismo dueño del edificio – y un sueco que toca el bajo. El chico conflictivo da las gracias por la cerveza, se va a casa y olvida el asunto. Dos semanas después Hugh aparece, desconsolado, por la casa del chico sin que éste recuerde haberle dado su dirección ni haberle invitado. Le cuenta, derrotado, que el maldito sueco (de nombre Hans Wärmling) se ha largado y lo ha dejado sin banda. Hugh ve las vihuelas que el chico guarda en casa, y le dispara: “oye, ¿no quieres tocar guitarra con nosotros? Tengo un baterista.” El chico responde, “a ver, lo puedo hacer por amor al arte si quieres, pero tengo una beca de karate y me voy a Japón en seis meses. Como quieras.” El chico nunca se fue a Japón, es hoy un señor de sesenta y dos años, se llama J J Burnel y parió junto a Cornwell –con Dave Greenfield en las teclas y el baterista / capitalista Duffy, que se rebautizó con el mote más canalla de Jet Black– un combo que llamaron The Stranglers, el cual cantó las furias del punk de 1976 con más cerebro que The Clash, Sex Pistols y The Damned juntos. El mismo que sale ahora de gira, cuarenta años después de aquel concierto, con los dignísimos restos del grupo: Burnel, Greenfield, el venerable Jet Black y Baz Warne en la voz.
El texto inicial abre su página web oficial, www.thestranglers.net, con el profundo agradecimiento de Burnel al maltrato del que ellos consideran haber sido objeto por parte de la prensa desde el incidente de Dingwalls, el local de Camden donde tocaron los Ramones el 5 de julio de 1976: por la zona de artistas –un salón sin decorados ni sillas, donde se ejercía toda necesidad humana conocida–Burnel y su banda caminaban a alistarse en una dirección, y en la opuesta Joey Ramone, Steve Jones y Paul Cook de los Pistols junto a Paul Simonon de The Clash, que decía tener un tic por el que escupía a cada momento. El presunto tic le activó un gargajo cuando pasaba al lado de Burnel, que lo tomó a ofensa y le dio un empellón que le hizo tirar la cerveza a él, Cook, Jones y Ramone sobre un grupo de jóvenes periodistas que cubrían el hoy mítico evento, empezó la bronca y el resto es historia: en un bando los Stranglers, y en el otro los Ramones, Clash, Pistols y los periodistas. Desde entonces –y, siempre según Burnel, porque The Stranglers nunca tuvo la estética ni la vida pública del punk a pesar de haber sido los únicos que aceptaron públicamente en aquellos tiempos ser usuarios de marihuana– empezó su salida de los registros de esa escena musical a manos de algunos de los periodistas presentes en ese momento, hoy instituciones vivientes de la prensa musical londinense.
Precisamente, es ese tupido velo sobre su papel en la historia del punk lo que ha permitido a The Stranglers cantar, hacer y decir lo que les ha venido en gana durante los cuarenta años que celebran. El recientemente remodelado Hammersmith Apollo estaba vestido de gala para la ocasión mientras los estrangulados seguidores, de todas las edades imaginables y locos perdidos por la visita de sus ídolos, humectaban con profusión las gargantas que a partir de las nueve en punto vitorearían al primer toro de la noche: una versión imparable de London Lady con la brutal potencia que la leyenda concede a las batallas campales y presentaciones primigenias del grupo [Little lady with Dingwalls bullshit / you’re so stupid, una línea presuntamente dedicada a un amor casual de Cornwell en esos días, la hoy notable periodista Catherine Coon] hizo estallar al variopinto aforo. En ausencia del aporreo original de Jet Black por sus conocidos problemas de salud, el batería itinerante de la banda Jim McCauley y el bajo de J J Burnel marcaron el paso de una pesadísima artillería musical que abrió la noche en embestida, haciendo que cuerpos y cerebros se sacudiesen hasta el punto que honorables damas ya entradas en años y carnes –fuimos testigos directos de esto– empezaran a abalanzarse contra las vallas de seguridad, queriendo trepar por sobre ellas como si tuviesen cuarenta años menos. Para aniquilar cualquier duda sobre la fuerza del avasallador impacto inicial de la banda, qué mejor que mantener saltando al personal con una gloriosa y demoledora No More Heroes y la más discreta pero no menos vibrante Coup de Grace / SOS.
De allí en más todo fue un tirar incansable del distinguido catálogo de la banda: tomemos por ejemplo Summat Outanowt, una perlita del Suite XVI nacida este mismo siglo, que hace moverse al más flemático y que es con certeza una de las razones por la que la banda ha renacido en las nuevas generaciones que, no les queda más remedio, están convencidas de que los viejos lo hacían mejor. Mención especial también para Peaches, sensual resultado de ciertas influencias playeras y jamaiquinas en Burnel y Cornwell –no sólo musicales, por supuesto– que remeció los moralismos pre-thatcheristas del verano de 1977, ya enclenques por toda la incursión del punk, convirtiéndose por mérito propio en himno de la efervescencia de aquella época.
A mediados del partido que algunos jugábamos en el evento, Stranglers con Hugh Cornwell vs Stranglers sin él, el primer equipo se anotó un puntazo emocional con la salida al escenario de Jet Black para coger las baquetas y usarlas con la pausa y saber hacer que exige tocar Golden Brown, comprensible dados sus problemas cardíacos y esperable por la expectativa de ver a la leyenda viva en acción, aunque fuese así de adaptada al momento. Pero no: don Jet habría tomado más oxígeno que de la cuenta, porque se quedó montado para tocar, ya con paso más ligero, el himno Always The Sun, y remató con las complicadas síncopas de Genetix ante la ovación de los asistentes, para llegar al cénit de la velada sumergidos en tan extraña mezcla de nostalgia y vigencia. Una vez que Jet cedió la silla otra vez a McCauley, lo que siguió ya fue la rendición y entrega de todas las voluntades al ritmo que imprimieron a la noche Tramp, una monumental Skin Deep, Nice ‘N Sleazy –filmación incluida del escandaloso concierto de Battersea Park en 1978, cuando cuatro strippers profesionales y la cuñada de Burnel se desnudaron ante miles de personas– y, cómo no, el fin de fiesta de ley, Hanging Around.
Por supuesto, el respetable no tenía ganas de volver a la realidad y exigió con alaridos una despedida en condiciones con una nueva comparecencia de Jet Black. Nobleza obliga, y el señor Duffy vuelve a montarse a su trono percutivo para mandar a la gente a casa abrazada del ritmo de Norfolk Coast, Something Better Change, All Day And All Of The Night y ya para que no me sigan insistiendo les toco Tank, en una velada tan cargada de emociones y baile que resulta difícil de reseñar sin la sonrisa de quien es parte de la historia, testigo en un escenario lleno de historia viva de la música popular.




















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